La Copa Dorada

La Copa Dorada

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

La señora Assingham se preguntó hasta qué punto estaba ella enterada de la realidad de este asunto y se dio cuenta, casi al cabo de un minuto, de lo muy suavemente que Maggie había hablado. Al notar que Maggie no la retaba con ira, que no había en sus palabras el ardor del alma engañada, sino tan sólo una libre exposición de su total pasada ignorancia, que permitía incluso la burla, en el caso de que la suscitara, la mayor de las dos mujeres experimentó, al principio, una extraña y apenas verosímil sensación de alivio, y extrajo, como si se tratara del cálido aroma veraniego de una flor, la dulce certidumbre de que, hiciera lo que hiciera, no tendría que afrontar juicio alguno. No, no sería juzgada, salvo por ella misma, lo cual era asunto tristemente suyo. Lo cierto es, sin embargo, que al momento Fanny Assingham se ruborizó por su inicial cobardía, puesto que sólo había pensado en sí misma, en «salir del trance», sin pararse siquiera a considerar, sin percatarse con dolor que estaba en presencia de una petición de ayuda, que todo era una petición de ayuda en un reconocido estado de suma necesidad.

—Hija mía, en términos generales, sí. Aunque no… no, en relación con lo que me ha estado diciendo.

La Princesa dijo:

—Eran íntimos, ¿comprende? Íntimos.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker