La Copa Dorada
La Copa Dorada —¡No hace falta que te lo diga! Sabe lo suficiente. Además, no nos cree.
Esto último sobresaltó un poco al PrÃncipe, quien exclamó:
—¡Pide demasiado!
Estas palabras motivaron que su esposa emitiera otro gemido de protesta, lo que indujo al PrÃncipe a formular un juicio:
—Jamás permitirá que la consideres desdichada.
—Sé mejor que nadie lo que jamás permitirá que la considere.
—Tú misma lo verás.
—Veré maravillas, ya lo sé. Las he visto y estoy dispuesta a ver más.
Maggie recordó. No le faltaban recuerdos, y estos recuerdos la movieron a decir:
—Es terrible. La vida de las mujeres es siempre terrible.
El PrÃncipe la miró con gravedad y dijo:
—Todo es terrible, cara, en el corazón del hombre. Charlotte quiere construir su propia vida, y la construirá.
Su esposa, quien se habÃa acercado a una mesa, en donde, distraÃdamente, modificó la posición de diversos objetos, se volvió hacia él, y dijo: