La Copa Dorada
La Copa Dorada El PrÃncipe esperó unos instantes, y, luego, fija la vista en el humo del cigarro, bruscamente opinó:
—Es estúpida.
En un largo gemido, Maggie protestó:
—Oh…
Esta exclamación alteró realmente el color de la cara del PrÃncipe, quien dijo:
—Con ello quiero decir que Charlotte, contrariamente a lo que tú piensas, no es desdichada.
Y habiendo recobrado con estas palabras toda su lógica, añadió:
—¿Cómo va a ser desdichada, si no sabe?
Maggie intentó poner dificultades a la lógica del PrÃncipe:
—¿Qué es lo que no sabe?
—¿Acaso sabe que tú sabes?
Dijo estas palabras de tal manera que Maggie tuvo conciencia, al instante, de tres o cuatro posibles respuestas. Pero lo primero que Maggie dijo fue:
—¿Crees que eso es lo único que cuenta?
Y antes de que el PrÃncipe pudiera contestarle, Maggie proclamó:
—¡Lo sabe, lo sabe!
—Bueno, ¿y qué sabe?
Pero ella echó la cabeza atrás, y en movimiento impaciente apartó la mirada de los ojos de su marido: