La Copa Dorada
La Copa Dorada Esta razón provocó una corta carcajada en el coronel, quien, por lo visto, esperaba otra razón. Éste dijo:
—¿Tanto tiempo hace falta?
Pero la señora Assingham siguió seria y repuso:
—Más del que ellos tuvieron a su disposición.
El coronel se mantuvo impertérrito, aunque quedó un tanto intrigado:
—¿Qué les pasó con el asunto del tiempo?
Estas palabras no suscitaron respuesta alguna de la señora Assingham, quien pareció sumida en los recuerdos, en volver a vivirlos y en atar los cabos sueltos. El coronel le preguntó:
—¿Quieres decir que interviniste tú con tu idea?
Estas palabras centraron su atención en aquel aspecto concreto del tema y, en cierta medida, le permitieron contestar.
—Ni mucho menos, en aquel entonces.
Después de un breve silencio, añadió:
—Supongo que recordarás lo que ocurrió hace un año. El Príncipe y Charlotte se alejaron el uno del otro sin que él hubiera oído hablar siquiera aún de Maggie.
—¿Es que la propia Charlotte no le había hablado de ella?
—No, nunca le había hablado de ella.