La edad ingrata
La edad ingrata El sujeto aludido, mientras tanto, francamente agitándose en su asiento, alternativamente estirando las piernas y apoyando los codos sobre las rodillas, habÃa estimado pequeño el beneficio que podÃa sacar de este coloquio. De hecho su estado de fastidio —si es que era fastidio— aguijó en él el sincero impulso de clarear, como tal vez lo habrÃa considerado él mismo, la atmósfera. Señaló a la señora Donner con una llamativa ausencia de disimulo: