La edad ingrata

La edad ingrata

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Eso es cierto, pero usted está en su derecho, y ello no me valdría de excusa a mí. Sólo que todos los domingos acudo a visitarla.

El señor Longdon consideró; luego, un tanto para sorpresa de Vanderbank, en todo caso para su aún mayor regocijo, preguntó con franqueza:

—¿Sólo a Fernanda? ¿A ninguna otra dama?

—Oh sí, a varias otras damas.

El señor Longdon dio la impresión de oír aquello con agrado:

—Tiene usted razón. En Beccles no le sacamos suficiente provecho al domingo.

—¡Huy, en Londres se lo sacamos de sobra! —dijo Vanderbank—. Y me parece que más bien redundará en mi beneficio mencionar que la señora Brookenham me llama a mí…

Ahora su visitante lo abrumó con una atención que operó como freno:

—…¿por su nombre de pila? —Antes de que Vanderbank pudiese atenuar esto en alguna medida, el señor Longdon preguntó—: ¿Cuál es su nombre de pila?

De improviso Vanderbank se sintió casi culpable: como si su respuesta no pudiera sino imputarle extravagancia a la dama.

—Mi nombre de pila —lo dijo ruborizándose— es Gustavus.

Su amigo dio conscientemente un paso arriesgado:


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker