La edad ingrata

La edad ingrata

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¿Y ella lo llama Gussy?

—No, ni siquiera Gussy. Pero a duras penas me parece lícito contárselo —prosiguió— si ella misma no le ha ofrecido ningún atisbo. Cualquier inferencia de que ella se ha abstenido a sabiendas podría abismarlo a usted en aún más negras profundidades.

Vanderbank habló con marcada jocosidad, pero tras un momento su compañero le mostró un semblante absorto —y un tanto apesadumbradamente— en la visión de esa posibilidad descartada por el tono bromista.

—¡Oh, no soy tan sumamente perverso! —exclamó con modestia el señor Longdon.

—Bueno, ella no siempre me llama como me llama —dijo riendo Vanderbank— y no es nada, además, comparado con el modo como son llamadas otras personas. Fíjese, hay un individuo que… —Se contuvo, empero, y, pensándolo mejor, escogió otro ejemplo—: La duquesa (¿no le han presentado a la duquesa?) nunca me llama otra cosa que «Vanderbank» excepto cuando me llama «caro mío». No habría costado mucho hacerla dirigirse a usted con un «¡Longdon, sinvergonzón!». Casi puedo oírla.

Concretando el efecto de aquel bosquejo, el señor Longdon extrajo su conclusión con un indulgente «¡Ah, caramba, una duquesa extranjera!». Sabía hacer distingos.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker