La edad ingrata

La edad ingrata

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—No cabe duda de que soy egoísta, pero en lo que pensaba era en que el terrible sermón, ¿sabe?…, vaya, estoy dispuesto a recibirlo de ella. Ella sabe lo que es la vida; sabe de nuestra necesidad de salir adelante después de que, sin tener nosotros arte ni parte, nuestros progenitores nos hayan puesto a caminar. Lo sabe todo sobre necesidades: nadie tiene más que mamá.

El señor Cashmore se quedó mirando extrañado, pero también con pinta de diversión:

—¿Así que ella dirá que has hecho bien?

—Oh, no; me echará un tremendo rapapolvo. Pero reconocerá que en semejantes aprietos hay que hacer algo más en pro de servidor, y eso bien podría conducir a algo (indirectamente, ¿se da usted cuenta?, pues ella no se lo contará a mi padre, sino que únicamente, a su peculiar modo, influirá sobre él) que me colocará en circunstancias más cómodas y por lo cual, consiguientemente, en el fondo tendré que darle las gracias a usted.

El ojo auxiliado por el monóculo del señor Cashmore había atalayado, durante esta alocución, con un perceptible aumento de algo semejante a la inquietud, al beneficiario de su rumbosidad. De alguna forma el hilo de su relación mutua se había extraviado en este giro imprevisto, y el señor Cashmore hubo de limitarse a hacer gala de su estatura, su posición y su rectitud, cosas siempre convenientes en presencia del retorcimiento:


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker