La edad ingrata
La edad ingrata —Lo que me contó —replicó Vanderbank— fue estupendo en su limitada medida; pero a fin de cuentas consistió exclusivamente en que, habiendo reparado en mi apellido, usted le habÃa preguntado a nuestra amiga si yo pertenecÃa a una familia que usted habÃa conocido hacÃa años y entonces, a tenor de lo que ella le contestó, usted habÃa inferido, sintiendo lo que tuvo usted la gentileza de calificar como un gran placer, que en efecto asà era. Tras esto, usted se me acercó después de la cena y me proporcionó a mà un placer aún mayor. Pero eso sólo nos hace recorrer parte del camino. —El señor Longdon no dijo nada, pero en sus deliberados silencios habÃa una nota de agradecimiento: constituÃan un homenaje a las constantes frases felices de su joven amigo. De hecho este personaje semejó interpretarlos cada vez más de ese modo; lo cual no dejó de tener algún efecto sobre su temple. Por último, iniciando un vuelo de alguna altura, puso fin a la pausa—: Usted estaba enamorado de Lady Julia. —Después, como quiera que la actitud de su invitado, quien serenamente se enfrentó a su mirada, fue prácticamente una aportación al debate, él prosiguió con la sensación de haber dado en el clavo—: Usted fue rechazado por ella y nunca se casó.