La edad ingrata

La edad ingrata

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

XXXI

—En tal caso creo que será preferible que aguardes —dijo la señora Brook— hasta que yo compruebe si ya se ha marchado. —Y cuando al instante siguiente se presentaron los criados con el té, tuvo oportunidad de formular su indagación—: ¿El señor Cashmore está aún con la señorita Brookenham?

—No, señora —contestó el lacayo—. Hace cinco minutos que acompañé hasta la puerta al señor Cashmore.

Durante un corto rato subsiguiente Vanderbank patentizó con su proceder lo que experimentaba a causa de no sentirse libre para comentar de inmediato aquellas palabras: moviéndose por toda la habitación sin propósito definido mientras la mesa del té era preparada por los criados y sin hacer un esfuerzo para charlar, en aras de las apariencias, sobre cualquier otro asunto. La señora Brook hizo, por su parte, tan poco esfuerzo que el silencio —que los momentáneos acompañantes de ambos tuvieron todo el efecto de prolongar a base de hacerlo todo con una perceptible lentitud— se convirtió precisamente en una de esas valiosas luces para la servidumbre que ilusamente las personas imaginan no haber encendido gracias a haberse abstenido de hablar. Pero Vanderbank retomó la palabra tan pronto como quedó cerrada la puerta:

—¿Es que Cashmore sale y entra en esta casa con tal desenvoltura sin siquiera hablar contigo?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker