La edad ingrata
La edad ingrata —No soy capaz de expresarte —dijo Nanda— cuán considerado me parece por tu parte haber logrado hallar, con tantas cosas como tienes que hacer, un rato para esto. Pero por favor, sin más demora, déjame decirte…
A efectos prácticos, empero, él no estaba dispuesto a dejarla decirle nada; hasta ese punto su casi agresivo optimismo cordial se aferraba a alusiones de corto alcance.