La figura de la alfombra
La figura de la alfombra A primeros de marzo recibà un telegrama de ella que me hizo regresar inmediatamente a Chelsea, donde lo primero que me dijo fue:
—¡Lo tiene, lo tiene!
Estaba emocionada, según pude comprobar, hasta tal punto que por fuerza tenÃa que estar refiriéndose al gran hallazgo:
—¿La idea de Vereker?
—Su intención general. George me ha enviado un telegrama desde Bombay.
TenÃa la misiva abierta allà mismo. Era enfática aunque concisa: «Eureka. Inmenso». Eso era todo: se habÃa ahorrado hasta el precio de la firma. Yo compartà la emoción de ella, pero quedé decepcionado:
—No dice qué es.
—Cómo hubiera podido hacerlo…, en un telegrama. Lo escribirá.
—Pero ¿cómo lo sabe?
—¿Que cómo sabe que acierta? Estoy segura de que en cuanto lo ves ya no dudas. Vera incessu patuit dea![1]