La figura de la alfombra
La figura de la alfombra —A ver a Vereker, y a verme a mÃ. ¡Piense en todo lo que tendrá que contarme!
—¿De la India? —dudé yo.
—¡De la China! De Vereker, de la figura de la alfombra.
—Pero, como decÃa usted, eso seguramente nos lo contará en una carta.
Ella se puso a pensar como arrastrada por una inspiración, y yo recordé que Corvick me habÃa dicho mucho antes que su cara era interesante.
—Quizá no sea algo que pueda decirse en una carta, si es una cosa inmensa.
—Quizá no pueda si no es más que una inmensa tonterÃa. Si lo que tiene no puede decirse en una carta es que no lo tiene. Vereker me dijo precisamente que la «figura» podÃa explicarse en una carta.
—Bien, hace una hora mandé a George un telegrama: dos palabras —dijo Gwendolen.
—¿SerÃa indiscreto preguntar cuáles son?
Ella se demoró, pero al final las dijo:
—«Angel, escribe».
—¡MagnÃfico! —exclamé—. Nos aseguraremos: le enviaré las mismas.