La fontana sagrada
La fontana sagrada Yo ya había vuelto otra vez el rostro hacia ella justo a tiempo para recibir aquello, y de inmediato decidí la mejor manera de acogerlo:
—¡En tal caso quedo hecho trizas enteramente!
—¡No debió usted encaramarse —dijo riéndose (a estas alturas era capaz de reírse casi groseramente)— a un lugar tan absurdo!
