La fontana sagrada

La fontana sagrada

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

CAPÍTULO V

Lo primero que me aconteció tras separarme de él fue nuevamente hallarme ocupado con la señora Brissenden, todavía henchida del vivo convencimiento con que yo la había dejado.

—Es ella, sin posibilidad alguna de error, y usted lo sabe. No entiendo cómo he podido ser tan estúpida como para no discernirlo. Yo no poseo la inteligencia de usted, desde luego, hasta que me hacen toparme de bruces con algo. ¡Pero una vez que me he topado…! —Festejó su propia modestia con una carcajada que fue orgullosa—. Los dos se han marchado juntos.

—¿Adónde se han marchado?

—No sé adónde, pero hace unos minutos los vi «fugarse» de la más patente de las maneras. Los pobrecillos se han ido a pasar un rato tranquilo, sin observadores, en la hacienda o en los jardines. Cuando uno está al corriente, no hay duda de eso. Pero ¿cómo dice esa canción popular?: «¡Primero hay que estar al corriente!». Me parece, si no lo molesta que se lo diga así, que el modo en que usted llega hasta las cosas es decididamente fantástico. Hablo más en concreto de lo primero que lo hizo descubrirla.

—Pero, mi querida amiga —protesté—, nada de nada ha sido lo primero que me ha hecho descubrirla. No la he descubierto, para empezar y para acabar. Fue sólo usted quien se empecinó con ella.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker