La Torre de Marfil
La Torre de Marfil Si la curiosidad de Gray hubiera podido decirse que residÃa en alguna parte, hora tras hora, lo suficiente para ser detectada en el acto, la pregunta que la retenÃa hubiera sido quizá, antes que otra, la de si la señorita Gaw “aparecerÃa’ Y ahora que lo hacÃa, sin embargo, de este modo tan discreto, no hubo extrañeza en el hecho de que su inmediata alegrÃa no lograra arrancarle sino una exclamación; y el reciente interés de lo que ella le habÃa escrito últimamente no era nada al lado del interés de que su persona se convirtiera en tema de conversación de su tÃo. Con lo cual, al mismo tiempo, lo que más grato le resultaba era hablar de ella él mismo.
—Si se refiere a Rosanna Gaw, sin duda comprenderá las tremendas ganas que tengo de verla.
El enfermo se demoró un poco, aunque no, quedó claro, por falta de comprensión:
—Ella tiene tremendas ganas de verte, Graham. Quizá lo sepas, por supuesto, por su modo de procedet
Luego, de nuevo recapituló sus pensamientos y, poco después, rompió una vez más a hablar: