La Torre de Marfil
La Torre de Marfil —Tuvo una buena idea, y la quiero por eso, pero me temo que la mÃa no ha sido, en la misma medida, reconocerle a ella todo el mérito. Yo también lo querÃa, y… Bueno, aquà estoy, consiguiéndolo de ti. Sà —continuó, los ojos sin apartarse del sobrino—, no podrÃas haberme dado más, aunque lo hubieses intentado a propósito, desde muy atrás. Pero no puedo decirte ni la mitad —exhaló un largo suspiro, estaba un poco exhausto—. Cuéntame tú. Cuéntame tú.
—Le estoy cansando, señor —dijo Gray.
—No por dejarme ver… Sólo me cansarÃas si no me dejaras.
Entonces por primera vez sus ojos miraron a su alrededor.
—No te han puesto un sitio para sentarte? Quizá supieran —sugirió, mientras Gray alcanzaba una silla—, quizá sabÃan cuánto deseaba verte. No parece haber nada que no sepan —espetó de nuevo, resignado.
Gray tenÃa su silla ante él, las manos en el respaldo ladeándola un poco.
—Son extraordinarios. Jamás he visto cosa igual. Me ayudan tremendamente —confesó, gozoso.
El señor Betterman, ante esto, pareció cavilar.
—¿S� ¿Has tenido problemas?