La Torre de Marfil
La Torre de Marfil —No puedo aconsejarte sin los datos que no puedes proporcionarme —dijo, al volver— pero tampoco te invito a ir y revolverlo todo con el difunto de cuerpo presente.
Quizá lo hubiera dicho con la más leve de las ironÃas; de no ser porque, a estas alturas y entre estos amigos, a la ironÃa (me refiero a la que iba del más tranquilo, en términos generales, al otro), sometida a un análisis completamente exhaustivo, empezaba a faltarle oxÃgeno para prosperar en semejante medio. De hecho, es posible que Gray, por lo que dejaron ver sus siguientes palabras, la hubiese juzgado apenas distinguible.