Las alas de la paloma
Las alas de la paloma Sin duda esta extraña forma de franqueza le pareció en sà misma más que suficiente de momento, por lo que no se percató hasta más tarde de que, en realidad —en el curso de la extraña e indescriptible conversación que precedió al regreso de sus amigas—, no habÃa hecho nada por favorecerla. Si no se dio cuenta hasta después, en la larga y cegadora tortura del amanecer, fue porque, mientras duró la velada, se conformó con su aparente comodidad. Lo que sucedÃa al fondo se distinguÃa sólo en vislumbres y destellos, asà que se contentó con ver lo que ocurrÃa en el escenario. No habÃan pasado ni tres minutos antes de que Milly supiera que no debÃa hacer nada de lo que acababa de pedirle la tÃa Maud. Lo supo con la misma lucidez que la habÃa guiado con dicha señora y con sir Luke Strett. Comprendió en ese momento y lugar que seguÃa inmersa en una corriente controlada, a causa de su indiferencia, timidez, valentÃa o generosidad —no habrÃa sabido precisar qué—, por otras personas; que era la corriente y no ella quien actuaba, y que siempre estaba otro a cargo de la llave de la presa. Kate, por ejemplo, no tenÃa más que abrir las esclusas para que la corriente se volviera turbulenta y la obligara a hacer lo que querÃa. Y ¿qué querÃa Kate más que ser, de repente, más interesante de lo que habÃa sido nunca? Esa noche, Milly contuvo el aliento admirada. Si no hubiese estado segura de que su amiga no podÃa saber nada de la conversación que acababa de tener con la señora Lowder, casi habrÃa pensado que la admirable criatura habÃa intervenido para anticiparse al peligro. En el rato que pasaron allà sentadas, dicha fantasÃa, no obstante, fue perdiendo fuerza, aunque sólo fuese porque se multiplicaron y agolparon otras muchas que acabaron pareciéndole a nuestra joven el boyante medio en el que hablaba y se movÃa su amiga. Como digo, pasaron el tiempo sentadas, aunque Kate se movió mucho mientras hablaba: inquieta y encantadora, tal vez un poco superficial, se levantó varias veces y recorrió la sala con su vestido claro, como si estuviese interpretando un papel para complacer a su anfitriona.
