Las alas de la paloma
Las alas de la paloma La proximidad del jueves, que estaba cada vez más cerca y traerÃa a sir Luke Strett, trajo también felizmente la disminución de otros pesares. El tiempo cambió, la obstinada tormenta pasó, y el sol del otoño, tantos dÃas frustrado, pero ahora caliente y casi vengativo, volvió a campar a sus anchas y tomó posesión con un himno de alegrÃa casi audible, una sufusión de brillantes sones que se unió al brillante colorido. Venecia volvÃa a relucir, a chapotear, a gritar y a tañer; el aire sonaba como una palmada y los rosas, los amarillos, los azules, los verdemares desperdigados por doquier parecÃan colgaduras de vivos colores, igual que una muestra de delicadas alfombras. Densher se regocijó de todo eso al ir a buscar al eminente médico a la estación. Acudió allà después de mucho pensarlo, consciente de que era la única manera de actuar dadas las circunstancias. A eso le habÃan empujado los acontecimientos: hasta donde nada lo habÃa empujado antes. Sin duda, desde su nacimiento habÃa pensado mucho más que actuado; aunque recordaba haber pensado cosas —unas pocas— que, en el momento en que se le ocurrieron, le habÃan emocionado casi tanto como si fuesen verdaderas aventuras. Sin embargo, nunca habÃa conocido nada parecido a su estado actual, en el que tenÃa prohibido cualquier impulso, accidente o azar… en el que tenÃa prohibida, en suma, la libertad. Lo más raro era que si, a su llegada, unas pocas semanas antes, habÃa tenido la sensación de estar viviendo una aventura, nada lo parecÃa menos que el hecho de haberse quedado. Una aventura serÃa marcharse, partir, regresar, ante todo, a Londres, y decirle a Kate Croy que habÃa vuelto; pero habÃa un no sé qué de vulgar, casi de rastrero y de obligado en seguir como estaba. Éste fue el peculiar efecto de la visita de la señora Stringham, que le habÃa dejado con el regusto de lo que no podÃa hacer. Se lo habÃa dejado muy claro, y al mismo tiempo lo habÃa privado de la sensación, de la otra sensación, de lo que, como refugio, sà podÃa hacer.
