Las alas de la paloma
Las alas de la paloma Pasó varios días bajo la profunda impresión de aquella frase que todo lo abarcaba, felizmente prolongada varios momentos, pero interrumpida, por así decirlo, en su apogeo por la entrada de la tía Maud, que los encontró juntos cerca del fuego. El rumbo de la conversación, no obstante, por claro que fuese, no lo fue, extrañamente, tanto para su inteligencia como el de una conversación a solas con la señora Lowder, como la que tuvo, o más bien Kate le dio ocasión de tener. Lo que ocurrió, cuando entró por fin en la sala, despertó, Densher se dio cuenta enseguida, su deseo de estar con él a solas. No cabe duda de que, al abrirse la puerta, los dos se separaron con cierta precipitación, por lo que ella los miró, primero al uno y luego al otro, con sus ojos bellos e implacables; sin embargo eso no fue nada, para la imaginación de Densher, comparado con la extraña cautela de la que hizo gala su compañera. Al instante, le contó a su tía lo que más le había preocupado a ella misma, y la hizo partícipe de su conversación, sin duda con gran éxito, puesto que el hecho al que con resentimiento aludió le proporcionó a la buena señora una excusa sobrada:
