Las Bostonianas

Las Bostonianas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Ransom consideró que podía responder que hasta hacía cinco minutos ni siquiera tenía idea de su existencia; pero recordó que no era ese el modo en que un caballero del Sur debía hablar a las damas, y se contentó con decir que debía perdonarle su ignorancia beocia (le gustaban las frases elegantes); que él vivía en una parte del país donde no pensaban demasiado en Europa y que siempre había creído que ella tenía su domicilio en Nueva York. Esta última observación fue lanzada al azar, ya que, por supuesto, jamás había pensado en la señora Luna. Su deshonestidad, sin embargo, solo lo expuso a peligros mayores.

—Si pensaba usted que vivía en Nueva York, ¿por qué entonces nunca me hizo una visita? —preguntó la dama.

—Bueno, ve usted, no salgo mucho, excepto cuando voy a la corte.

—¿Se refiere usted a la corte de justicia? Todo el mundo tiene aquí una profesión. ¿Es usted muy ambicioso? Tiene el aspecto de serlo.

—Sí, mucho —respondió Basil Ransom, esbozando una sonrisa, con esa extraña inflexión femenina con la que un caballero del sur pronuncia aquel adverbio.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker