Las Bostonianas
Las Bostonianas Él respondía muy rara vez a aquellas notas, y le resultaba extraordinariamente desagradable el modo en que, a pesar de su amor por las formas y el orden, su prima trataba de entrar por las ventanas cuando las puertas le habían sido cerradas; así que al fin Ransom comenzó a espaciar considerablemente sus visitas y al final las suprimió casi por completo. Cuando pienso en sus hábitos de cortesía casi supersticiosa hacia las mujeres, me viene a la mente que algún motivo muy poderoso debía haber habido para que le diera a su amigable —su demasiado amigable— prima la fría espalda. No obstante, cuando Ransom recibió su carta llena de reproches (después de que la misiva tuviera tiempo de trabajar en su espíritu), se dijo que tal vez había sido injusto y hasta brutal, y como fácilmente sentía remordimientos de esta clase, se decidió a restaurar el hilo roto.