Las Bostonianas
Las Bostonianas —No ponga objeciones a mi presencia ni me considere demasiado ceremonioso —respondió Ransom—. Quisiera preguntarle algo.
La señorita Birdseye volvió a mirarlo.
—Claro, ahora lo sitúo; estuvo usted conversando con la doctora Prance.
—¡Para mi gran edificación! —exclamó Ransom—. Espero que la doctora Prance esté bien.
—Ella se preocupa por la salud de todos, menos de la suya —dijo la señorita Birdseye sonriendo—. Cuando se lo digo me responde que no tiene ninguna salud de la que preocuparse. Dice que es la única mujer de Boston que puede prescindir de un médico. Se ha decidido a no ser jamás una paciente, y le parece que el único medio de lograrlo es convertirse en médico. Está tratando de hacerme dormir; esa es su ocupación principal.
—¿Es posible que siga usted sin dormir? —preguntó Ransom, casi con ternura.
—Bah, solo un poco. Pero en el momento que logro conciliar el sueño ya es hora de levantarme. No puedo dormir cuando quiero estar viva.
—Usted deberÃa ir al Sur —le sugirió el joven—. Con aquella dulzura de aire dormirÃa usted tranquilamente.