Las Bostonianas
Las Bostonianas —No, si puedo evitarlo.
La señorita Birdseye emitió un pequeño suspiro de impotencia.
—Bueno, me imagino que todo el mundo debe actuar de acuerdo con sus ideas. Eso es lo que hace Olive Chancellor. Tiene un carácter muy noble.
—Ya lo creo, un temperamento formidable.
—Usted sabe que las opiniones de ellas son exactamente las mismas; me refiero a ella y a Verena —continuó tranquilamente la señorita Birdseye—. ¿Por qué pretende entonces establecer diferencias?
—Mi querida señorita Birdseye, ¿es que acaso una mujer consiste solo en sus opiniones? Yo prefiero, para comenzar, la cara encantadora de la señorita Tarrant.
—SÃ, es cierto que es bonita. —Y la señorita Birdseye emitió otro suspiro, como si le hubieran impuesto una teorÃa, referente a las opiniones de una dama, la cual, con todo lo que de desacostumbrado y extraño entrañaba, ella era demasiado anciana para poder juzgar. Tal vez por primera vez sintió el peso de la edad—. Ahà viene un tranvÃa azul —dijo en un tono de suave alivio.
—Tardará un poco para que llegue acá. Además, yo no creo que aquellas sean en realidad las opiniones de la señorita Tarrant —añadió Ransom.