Las Bostonianas
Las Bostonianas —No, no quiero que le oculte nada. Solo quiero que deje pasar en silencio este incidente… que no le diga nada.
—Bueno, jamás he hecho nada por el estilo.
—¿Por qué estilo? —Ransom se sentÃa un poco contrariado, y un poco conmovido por la incapacidad que ella mostraba para entender sus puntos de vista, y aquella resistencia le hizo sostener con mayor fuerza sus ideas—. Lo que le pido es muy sencillo. Usted no tiene ninguna obligación de comunicarle a la señorita Chancellor todo lo que le ocurre, ¿no es verdad?
La petición parecÃa violentar todavÃa más el candor de la pobre anciana.
—La verdad es que yo la veo muy a menudo, y conversamos de todo… Y además, ¿no se lo irá a decir Verena?
—También he pensado en eso, pero espero que no.
—Ella se lo cuenta todo. Su unión es muy estrecha.
—No querrá herirla —dijo Ransom astutamente.
—Por lo que veo es usted muy considerado. —Y la señorita Birdseye continuó observándolo—. Es una lástima que no simpatice con nuestro movimiento.
—Como le he dicho, tal vez la señorita Tarrant logre convencerme. Tiene usted enfrente a un posible converso —continuó Ransom, sin rogar al cielo, según me temo, que su deshonestidad fuera perdonada.