Las Bostonianas
Las Bostonianas —¿Te has hecho miembro? —le preguntó una de las señoras a la otra—. ¡No sabÃa que te hubieras adherido!
—Oh, no, nada de eso; nada en el mundo me inducirÃa a hacerlo.
—Eso no está bien; te aprovechas de la diversión y en cambio no asumes ninguna responsabilidad.
—¡La diversión…! ¡Vaya diversión! —exclamó la segunda dama.
—No necesitas insultarnos, o jamás te invitaré —replicó la primera.
—Bueno, creà que se trataba de algo instructivo; eso fue lo que pensé; algo útil para la mente. Dime, esta mujer que habla hoy, ¿no viene de Boston?
—SÃ, creo que la han hecho venir para pronunciar este discurso.
—Debéis de sentiros desesperadas si tenéis necesidad de recurrir a Boston para vuestros entretenimientos.
—Bueno, hay una sociedad similar en Boston, y nunca he oÃdo decir que tengan que recurrir a alguien de Nueva York.
—Por supuesto que no; ellos consideran que lo tienen todo. Pero ¿no os fastidia pensar todo el tiempo con quién podéis contar?