Las Bostonianas
Las Bostonianas —Oh, este lugar me parece realmente agradable —respondió Ransom—. La casa es muy bella y veo algunas caras muy bonitas. En Mississippi no estamos acostumbrados a nada tan brillante.
Olive ofrecÃa a cada frase de su primo un momentáneo silencio, pero su timidez estaba comenzando a abandonarla.
—¿Tiene usted éxito en Nueva York? ¿Le gusta? —le preguntó Olive en cierto momento, pronunciando aquella pregunta en un tono de infinita melancolÃa, como si fuera su constante sentimiento del deber el que forzara sus labios.
—¡Éxito! De ninguna manera he tenido el éxito que han logrado usted y la señorita Tarrant; pues, según la opinión de un bárbaro como yo, es una señal de gran prosperidad convertirse en las heroÃnas de una ocasión como la presente.
—¿Tengo acaso el aire de ser una heroÃna de ocasión? —preguntó Olive Chancellor, sin la menor sombra de humor, pero produciendo un efecto que era casi cómico.
—Lo serÃa si no se escondiera usted. ¿No va a ir a la otra sala a oÃr a la conferenciante? Todo está ya preparado.
—Iré cuando me lo indiquen… cuando me inviten a pasar.