Las Bostonianas
Las Bostonianas HabÃa en su tono cierta majestuosidad, y Ransom pudo advertir que algo no marchaba bien, que se sentÃa menospreciada. Observar que se mostraba tan exigente hacia los demás como lo habÃa sido con él lo hizo sentir indulgente, y hubo en su actitud una perfecta disposición a olvidar las diferencias anteriores cuando dijo:
—Hay tiempo aún de sobra. No se ha llenado aún ni la mitad de la sala.
Olive no le respondió directamente, sino que le pidió noticias sobre su madre y sus hermanas, allá en el Sur.
—¿Están contentas? —le preguntó con un tono que parecÃa advertirle que no pretendiera afirmar que asà era.
Basil ignoró su advertencia diciendo que por lo menos estaban contentas al no pensar demasiado en sus problemas y al sacar el mejor partido de las circunstancias. Olive escuchó esas palabras con grave displicencia, pensando, al parecer, que él habÃa querido darle una lección, ya que de pronto exclamó:
—¡Quiere decir que ha trazado usted una lÃnea de conducta para ellas, y que eso es todo lo que sabe al respecto!
Ransom se la quedó mirando sorprendido; supo, en ese momento, que ella siempre lo sorprenderÃa.