Las Bostonianas

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XXXIII

—Salga conmigo, señorita Tarrant; salga conmigo. Venga a dar un paseo conmigo.

Esas eran las palabras que decía Basil Ransom cuando Olive los vio, en el vano de la ventana. Por supuesto antes había habido una conversación que había dado lugar a tal petición; por el tono, más que por las palabras, era posible advertir un grado de intimidad notablemente desarrollado. Verena percibió ese tono cuando él habló y se espantó un poco, se sintió incómoda. Fue una de las razones por las que se levantó de su silla y se dirigió a la ventana… un movimiento un tanto incoherente, pues con él pretendía hacerle comprender que era imposible que aceptara su invitación. Para aquel fin hubiera valido mucho más que permaneciera sentada con mucha firmeza en su silla. Él la hizo sentir nerviosa e intranquila, había comenzado a percibir que él le producía un efecto extraño. Era cierto que había salido con él la primera vez que fue a visitarla; pero le parecía que existía una diferencia importante debido al hecho de que entonces fue ella quien propuso el paseo… sencillamente porque era lo más fácil de hacer cuando alguien se presentaba en la casa de Monadnoc Place.


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