Las Bostonianas

Las Bostonianas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Aquella vez habían salido porque ella lo había sugerido, no él. Y además, no era lo mismo salir a pasear por Cambridge, donde ella conocía cada paso que daba y tenía la confianza y la libertad que le producía estar en su propio terreno, y el pretexto, del todo natural, de quererle mostrar las facultades, que ir a vagabundear por las calles de esta enorme y extraña ciudad, que, aunque atractiva y deliciosa como era, no le proporcionaba la excusa de ser la morada de él, no la verdadera al menos. Ransom quería mostrarle algunas cosas; quería mostrarle todo; pero Olive no estaba segura, después de una hora de conversación, de desear especialmente ver algo más de lo que él era capaz de mostrarle. Ya le había mostrado muchísimas cosas mientras había estado sentado junto a ella, especialmente lo despreciable que le parecía la idea de que las mujeres fueran iguales a los hombres. Parecía haber ido a visitarla solo para eso, pues durante todo el tiempo no había hecho sino insistir en el tema; ella no podía hablar de nada sin que él volviera a caer en lo mismo. No expresaba sus ideas claramente, por el contrario, era tremendamente insinuante y satírico, y pretendía haber pulverizado todos los argumentos que ella había expuesto, y muchos otros más que podría exponer; pero su exageración, y la manera en que modificaba dos o tres de las afirmaciones que Olive había sostenido en casa de la señora Burrage, indicaban que era el bromista más descarado. No sabía hacer más que reírse; parecía dar por sentado que podía pasar riéndose todo el día sin que ella se llegara a ofender. Bueno, que lo hiciera si eso le divertía; pero ella no comprendía por qué debía pasear con él por Nueva York para darle esa oportunidad.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker