Las Bostonianas
Las Bostonianas —Mire, la esencia de sus discursos es que la mujer desea conocer una época mejor. Eso es lo que se deduce al final. Y de eso soy consciente sin que tenga que decÃrmelo.
—¿Y no simpatiza usted con tal aspiración?
—Me parece que no cultivo mi lado sentimental —dijo la doctora Prance—. Ya hay abundante simpatÃa sin mÃ. Que deseen conocer una época mejor eso me parece de lo más natural; lo mismo desean los hombres, me imagino. Pero en lo que a mà respecta no siento la necesidad de hacer sacrificios por eso. No me parece que lo mejor que se pueda tener sea una época maravillosa.
Las opiniones de aquella pequeña dama eran precisas y técnicas. Era evidente que no le importaban demasiado los grandes movimientos; cada vez le resultaba más interesante a Basil Ransom, quien, según me temo, tenÃa un gran fondo de cinismo. Le preguntó si conocÃa a su prima, la señorita Chancellor, y se la mostró, al lado de la señora Farrinder; ella, en cambio, dijo Ransom, creÃa en tiempos maravillosos (pensaba que estaban ya en camino), sentÃa bastante simpatÃa por esa causa, y estaba seguro de que lo que más deseaba era sacrificarse por ella.
La doctora Prance la miró a través del salón durante un momento; luego dijo que no la conocÃa, pero que suponÃa que conocÃa a otras mujeres semejantes a ella… las atendÃa cuando estaban enfermas.