Las Bostonianas

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No había sido por complacer a Olive Chancellor por lo que había decidido marcharse; tampoco se lo decía por eso; sin embargo, le sorprendió que sus palabras no provocaran ninguna expresión de agrado en la cara de ella.

—No creo que tenga demasiada importancia que se marche usted o no. La señorita Tarrant también se ha marchado.

—¿Se ha marchado la señorita Tarrant?

Aquel anuncio contradecía tanto las intenciones que Verena le había expresado la noche anterior, que su exclamación expresó toda su desilusión y su sorpresa, lo cual proporcionó a Olive una momentánea victoria. Era la única que había obtenido hasta el momento, y se debe excusar a la joven por disfrutarla, si es que le era posible disfrutar de algo. La visible derrota de Basil Ransom le resultó más agradable que cualquier otro momento vivido en mucho tiempo.

—Yo misma la acompañé al primer tren; y la vi marcharse. —Y Olive mantuvo descaradamente los ojos fijos en los de él, pues le satisfacía ver cómo el joven encajaba aquello.

Debemos confesar que lo encajó bastante mal. Había decidido que lo mejor sería retirarse, pero el que Verena fuera quien se retirara era ya otro asunto.

—¿Adónde ha ido? —preguntó con el ceño fruncido.


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