Las Bostonianas
Las Bostonianas —Me gustarÃa probarle a usted con algo que sé que usted conoce —respondió Matthias Pardon con expresión imperturbable—. La misma señorita Chancellor ha cambiado de ideas considerablemente; hace un año o dos era del todo inaccesible. ¿Si la he ablandado a ella por qué no podrÃa ablandarla a usted? Ella sabe que ahora puedo ayudarla; y como no soy rencoroso estoy dispuesto a ayudarla en todo lo que me permita. El problema es que me lo permite en muy escasa medida; parece no creer en mÃ. De cualquier modo —prosiguió, dirigiéndose sobre todo a Ransom—, hace apenas media hora en el Music Hall seguÃan sin saber nada sobre la señorita Tarrant aparte de que hace un mes estuvo allà con la señorita Chancellor, hizo pruebas de voz, vio que resonaba en toda la sala, como si fuera de plata, y que la señorita Chancellor garantizó una absoluta puntualidad para esta noche.
—Bueno, eso es todo lo que se necesita —dijo Ransom, al azar, y le tendió la mano en señal de despedida a la señora Luna.
—¿Me abandona usted ya? —le preguntó, lanzándole una mirada que hubiera hecho sentir mal a cualquier espectador que no fuera un reportero de The Vesper.