Lo mas selecto
Lo mas selecto —Otro imbécil —interrumpió la anciana—. ¿Y quién supone eso? ¿Geordie y Ferdy?
—No lo sé… ¡todo es tan oscuro!
—Querida, ha sido una suerte: ahora podrá usted vivir en paz.
—¡En paz! —exclamó Laura—. ¿Mientras la desgraciada de mi hermana lleva una vida semejante?
—Oh, querida Laura, me atreverÃa a decir que resultará muy cómoda; siento mucho decir algo en favor de semejante comportamiento, pero muchas veces es una ventaja. No se preocupe, se lo toma demasiado a pecho. ¿Se ha ido al extranjero? —prosiguió la anciana—. Imagino que se habrá ido a algún lugar bonito y alegre.
—No sé nada. Sólo sé que se ha marchado. Estuve con ella anoche y se fue sin decir una palabra.
—Bueno, pues mejor. Las escenas de despedida son odiosas: ¡son demasiado sensibleras!
—Lionel tiene gente que los vigila —dijo la joven—. Agentes, detectives, no sé quién. Hace ya mucho tiempo; yo no lo sabÃa.
—¿Quiere decir que se lo habrÃa dicho usted a ella si lo hubiera sabido? ¿Y para qué sirven ahora los detectives? ¿No se ha librado ya de ella?
—Oh, no lo sé: él es tan malo como ella; dice cosas horribles, quiere que todo el mundo se entere —gimió Laura.
—¿Y se lo ha contado él a su madre?