Lo mas selecto
Lo mas selecto Mientras yacÃa durante horas de inexorable consciencia, la imagen de aquel horrible momento en el palco alternaba con la visión del culpable abandono de su hermana. QuerÃa huir, marcharse y no detenerse nunca. Lionel mostró con ella una amabilidad excesiva y no insultó a Selina: no le repitió que la conducta de aquella dama le venÃa muy bien. Se limitó a resistir, con una sonrisita pertinaz, un poco exasperante, a las lastimeras preguntas de Laura sobre el paradero de su hermana. SabÃa para qué querÃa saberlo y no querÃa ayudarla en aquel juego. Si le prometÃa solemnemente no hacer nada, se lo dirÃa cuando se encontrara mejor, pero no la ayudarÃa a portarse como una boba. TenÃa ya un trabajo a su medida: se quedarÃa y cuidarÃa de los niños: si tantas ganas tenÃa de cumplir con su deber, no necesitaba ir a buscarlo muy lejos. Habló mucho de los niños y se describió estrechando a las criaturitas abandonadas contra su pecho. No era comedia y Laura se daba cuenta de que estaba convencido de que a partir de aquel momento serÃa un individuo mejor y más puro. Le dijo que estaba segura de que Selina intentarÃa quedárselos; si no los dos, al menos uno.
—SÃ, querida. ¡Que lo intente! —contestó Lionel con expresión sombrÃa.