Lo mas selecto
Lo mas selecto Cuando ya llevaba cuatro días ausente de Grosvenor Place, se levantó de la cama, a una hora en que se encontraba sola (a media tarde) y se arregló para salir. lady Davenant había reconocido por la mañana que estaba mejor y, afortunadamente, no tenía la complicación de estar sujeta a la opinión médica, puesto que se había negado en redondo a que la viera un doctor. Su anciana amiga había tenido que salir —apenas la había abandonado hasta aquel momento— y ella le había pedido a la doncella de la dama, que iba de acá para allá envuelta en un frufrú, que la dejara sola: le aseguró que estaba recuperándose mucho. Laura no tenía otro plan que salir de Londres aquella noche; tenía la certeza moral de que Selina se había dirigido al Continente. Lo había hecho siempre a la menor oportunidad, ¿y qué oportunidad había sido mayor que la presente? Eso de «el Continente» era muy impreciso, pero hablaría sin tapujos con Lionel y le demostraría que tenía derecho a saberlo. Seguro que estaba en la ciudad; probablemente, enzarzado en alguna satisfecha negociación con sus abogados. Laura le había dicho que no creía que hubiera ido ya a verlos, pero en el fondo del corazón lo creía perfectamente. Si Lionel no satisfacía su curiosidad, iría a ver a lady Ringrose, por odioso que le resultara pedir un favor a aquella criatura depravada: a menos que lady Ringrose se hubiera sumado al grupito en Francia, como hiciera con ocasión del último viaje allí de Selina. Al bajar las escaleras se cruzó con uno de los lacayos, al que le rogó que le consiguiera un coche de alquiler lo antes posible, ya que tenía que salir media hora. El lacayo manifestó su respetuosa esperanza en que se encontrara mejor y ella le contestó que estaba muy bien y que hiciera el favor de decírselo a su señora cuando ésta regresara. Ante lo cual el lacayo le contestó que su señora ya había vuelto, hacía de ello apenas cinco minutos y se había dirigido a su habitación.