Lo que Maisie sabía
Lo que Maisie sabía Más de una vez había comentado la señora Wix que los asuntos de él eran harto embrollados, pero que el deber de ellas —de Maisie y ella en colaboración, por lo visto— era encaminarlo hacia el Parlamento. De esto la niña indujo, con un temblor de orgullo, que el Parlamento era el lógico ambiente de él, y estaba tanto menos dispuesta a ver obstáculo ninguno cuanto que nunca había oído hablar de asuntos que no fuesen embrollados. Ya hacía tiempo se había enterado por boca de la señora de Beale de que sus propios asuntos lo eran, y con el regocijo de saber que ella tenía asuntos aquella información no la había inquietado en lo más mínimo. Claro que también resultaba cierto y quizá un poco alarmante que desde entonces ya nunca había vuelto a oír hablar de tal cuestión. De todos modos se apareció llena de atractivo la perspectiva de algún día hacer ingresar a Sir Claude en el Parlamento; especialmente después de que la señora Wix, como fruto de ulteriores coloquios nocturnos, en una ocasión llegara lo bastante lejos como para afirmar que estaba realmente convencida de que aquello era lo único que se precisaba para salvarlo. Esta analista, con estas palabras, le dio a su discípula la sensación de estar pasando imprevisiblemente, como hacía mamá cuando mamá conversaba, de un tema a otro muy distinto. La niña se quedó mirando pasmada como ante el brinco de un canguro: —Para salvarlo ¿de qué?