Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa —¡Pues bien, querida… para no sacar partido de una ocasión como ésta… hace falta ser una perfecta idiota! —Estaba tan irritado —o a ella le pareció que lo estaba— que durante el resto del tiempo que anduvieron por los jardines él no volvió a decir palabra; y mientras tanto ella se abstuvo sabiamente de realizar el menor intento por apaciguarlo. Eso no habrÃa conseguido más que provocar nuevas preguntas. A la salida de los jardines él detuvo un carruaje de cuatro ruedas y, en silencio, sin mirarla a los ojos, la montó en él, limitándose a decir: «Dale esto» mientras sobre el asiento depositaba media corona. Ni siquiera después de haber cerrado desde fuera la portezuela e indicado al cochero adónde debÃa dirigirse, le devolvió a ella la mirada de despedida. Entre ellos dos nunca anteriormente habÃa acaecido nada por el estilo, y sin embargo no disminuyó el amor que ella sentÃa por él; de modo que ella no sólo podÃa soportar la situación sino incluso, según sintió mientras se alejaba, alegrarse de ella. Retornó el mismo sentimiento de victoria que, hacÃa ya eternidades, habÃa experimentado durante una crisis cuando, al volver de una temporada en casa de su padre, habÃa acogido una feroz pregunta de su madre con idénticamente profunda imbecilidad y como consecuencia de ello casi habÃa sido arrojada por las escaleras por la señora Farange.