Lo que Maisie sabía

Lo que Maisie sabía

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También estas semanas fueron insuficientes para tantísimos objetivos, mas se vieron inundadas por una nueva emoción, parcialmente desencadenada por la posibilidad con que contaban de, a través del largo telescopio de Glower Street, o acaso entre los pilares de la Institución —impresionantes entes[18] que a ojos de Maisie eran lo que le daba mayor carácter institucional—, avistar a Sir Claude algún día. Eso era lo que la señora de Beale, atosigada por las preguntas, le había dicho (indudablemente con cierta impaciencia): «¡Oh sí, oh sí, algún día!». Que él las acompañase era claramente mucho menos probable de lo que habría podido deducirse de la originaria afirmación que él había hecho en el sentido de desear mejorar su propio intelecto en compañía de ellas; y esto agudizó la intuición de nuestra pequeña de que desde aquel entonces o bien había acaecido algo destructivo o bien no había acaecido algo apetecible. La señora de Beale había arrojado una luz sólo parcial cuando le había explicado que a fin de cuentas no se había llegado a un pacto con nadie. En todo caso Maisie deseó que se llegara a un pacto con alguien. No obstante, aunque cada vez que se acercaba al templo de la sabiduría buscaba vanamente con la mirada a Sir Claude, no había duda acerca de la influencia de su amada imagen como incentivo y recompensa. Cuando más pesadamente se alzaba la Institución sobre sus pilares —o, como decía la señora de Beale, sobre sus zancos—, cuando más profunda era la materia y más larga la conferencia y más feos los oyentes, era cuando ambas sentían que su mecenas en la sombra se habría sentido más orgulloso de ellas.


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