Lo que Maisie sabía
Lo que Maisie sabía Sin embargo, la niña no estaba destinada a disfrutar demasiado de Sir Claude en los «cacharritos», donde todo acabó de modo bien diferente del previsto. Como primera reacción la señora de Beale, con hilaridad, la había urgido a poner por obra su propósito; pero más tarde, ya en la Exposición, canceló la autorización concedida, declarando que, habiéndolo reflexionado mejor, cuando un hombre es tan sensible a determinadas cuestiones cualquier cosa levemente audaz habitualmente empeora la coyuntura. En lo referente a Sir Claude habría sido difícil que «empeorara la coyuntura», pensó Maisie mientras, por los jardines y entre el gentío, una vez pasado el primer instante de deslumbramiento, lo buscaba en vano a diestra y siniestra. Tuvo nuestra pareja todo el tiempo del mundo para un frugal merodeo anhelante; en casa habían hecho juntas una de esas ligeras colaciones imprecisas —el nombre que Maisie les adjudicaba era «cenas de mermelada»— a que se veían reducidas cuando el señor Farange buscaba sus placeres fuera de casa. En la actualidad era siempre fuera de casa donde el señor Farange perseguía tal ideal, y la convicción actual de su hija, infundida por su esposa, era que tres días atrás se había embarcado en Cowes en el yate de un amigo.
