Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa —Lo que se proponÃa era hacerme saber que es usted definitivamente libre. Enterarme de aquello directamente por medio de ella, fue una alegrÃa que desde luego yo no me habÃa esperado: convirtió aquella afirmación, y mi júbilo ante ella, en algo que me proporcionaba una firme base para poder obrar. A estas alturas usted ya sabe a ciencia cierta que yo habrÃa pasado a la acción aunque ella no me lo hubiese pedido; usted ya sabe lo que, hasta ahora, habÃamos perseguido y lo que, tan pronto como ella me contó lo sucedido en Folkestone, advertà extasiada que ya hemos logrado. Es la libertad de usted lo que legitima mi proceder. —La señora Wix francamente se habÃa erizado de lógica—. ¡Pero no me importa decirle que es la acción de ella lo que legitima mi felicidad!
—¿La acción de ella? —hizo de eco Sir Claude—. Caramba, mi querida señora, su acción no es sino una abominación detestable. Da la casualidad de que satisface nuestras aspiraciones de un modo casi delicioso; pero eso no quita de ningún modo que se trate de la cosa más repugnante que jamás se ha visto. Ella ha tirado por la borda a nuestra amiguita aquà presente ni una pizca menos que si la hubiese arrojado a la calle, pese a sus gritos e invocaciones, desde la ventana de un segundo piso.
Maisie contemplaba con serenidad a los participantes en la discusión.