Lo que Maisie sabía
Lo que Maisie sabía La señora Wix afrontó esta requisitoria primeramente con el silencio y después con una manifestación sumamente extraordinaria, sumamente inesperada. Maisie apenas pudo dar crédito a sus ojos cuando vio que la buena señora, a quien jamás había atribuido ni la más mínima pizca del arte de la coquetería, después de una mueca sonriente, le daba a Sir Claude un travieso cachetito insinuante acompañado de una risita tonta:
—¡Picarón, usted sabe por qué! —Y se dio la vuelta. Con este movimiento lo dejó en libertad de mostrarle a Maisie un rostro que iba a permanecer en los recuerdos de la hijastra como la mismísima imagen de la estupefacción; pero a ambos les faltó el tiempo preciso para intercomunicarse su sensación de diversión o de extrañeza antes de que su amonestadora se volviera de nuevo hacia ellos. Desde luego esta mujer había comenzado a hacer gala de una infinita variedad de registros y volvió a sorprenderlos con un todavía más raudo cambio de tono—: ¿Me ha mostrado usted esa cosa como un pretexto para volver allá?
Sir Claude se armó de valor y dijo: