Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa —¡La matarÃa! —Al menos eso, esperó mientras apartaba la mirada, avalarÃa la existencia de su sentido moral. Apartó la mirada, pero su compañera guardó silencio durante tanto rato que finalmente volvió la cabeza hacia ella. Entonces vio que los enderezadores estaban totalmente empañados por lágrimas que pocos instantes después parecieron haber manado de sus propios ojos. Verdaderamente hubo lágrimas a ambos lados de las gafas, e incluso fueron tan densas que lo único que enseguida Maisie pudo hacer fue discernir a través de ellas que lenta, finalmente le tendÃa la mano la señora Wix. Fue la presión material de dicha mano lo que confirmó esta circunstancia y también después de algunos momentos algunas cosas más. A su peculiar manera confirmó una cosa en particular, que, aunque a menudo, entre ellas, bien lo sabÃa Dios, habÃa rondado y se habÃa cernido, aún faltaba por quedar establecida sin siquiera la sombra de una atenuante sonrisa. Oh, no hubo destello alguno de frivolidad, tan poco humor como tristeza, en el modo como ahora permanecieron sentadas largo rato o en el modo como en algún indeterminado instante la señora Wix se expresó de una manera lo bastante clara para su dignidad pero no lo bastante sonora para despertar a las ancianas que dormitaban cerca de ellas:
—Yo lo adoro. Yo lo adoro.