Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa El sueño de la niña fue prolongado; de inmediato advirtió que era tarde cuando al abrir los ojos vio a la señora Wix, enhiesta, completamente vestida, más vestida que nunca, y observándola desde el centro de la habitación. Al siguiente instante ella ya estaba sentada en la cama, completamente despabilada por el miedo a las horas de «estancia en el extranjero» que podÃa haber perdido. La señora Wix miraba como si el dÃa ya se hubiese hecho sentir, y para Maisie el proceso de ponerse al tanto se inició cuando la oyó decir con neta claridad:
—¡Mi pobrecita niña, ha venido!
—¿Sir Claude? —Salvando la alfombrilla con el Ãmpetu de su salto, Maisie sintió el terso suelo bajo sus pies descalzos.
—Hizo el viaje nocturno; llegó muy temprano. —La cabeza de la señora Wix hizo un disgustado ademán hacia detrás suyo—: ¡Está allÃ!
—Y ¿lo ha visto usted?
—No. Está allÃ, está allà —reiteró la señora Wix. Insólitamente hablaba sólo con un hilo de voz y no por decisión propia, y temblaba tanto que acrecentó su mutua inquietud. Visiblemente pálidas, se escudriñaron la una a la otra.
