Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa —¡Es realmente encantador! —declaró para la señora Wix. Luego espetó, ansiosa e inconteniblemente, mientras seguÃa con la fotografÃa en la mano y Sir Claude continuaba mostrándose amigable—: Ay, ¿puedo quedármela? —No bien hubo preguntado aquello cuando alzó la mirada hacia la señorita Overmore: lo hizo con el súbito instinto de apelar a la autoridad superior que desde hacÃa mucho le habÃa inculcado que nunca debÃa pedir poder quedarse con cosas. Para su sorpresa, la señorita Overmore pareció distante y un poco rara, indecisa y como que le concedÃa tiempo para volver a encararse con la señora Wix. Entonces Maisie vio que la ya de por sà larga cara de esta última dama se habÃa alargado aún más: esta última dama se sentÃa compungida y casi turbada, como si en verdad su amiguita estuviese solicitándole más de lo que entraba dentro de sus posibilidades darle. La fotografÃa constituÃa una posesión a la que, calamitosamente desprovista de pertenencias como estaba, habÃa dado el valor de un tesoro, y hubo una momentánea pugna entre su fuerte apego a aquélla y su capacidad de realizar cualquier sacrificio en pro de su precaria educanda. Con la agudeza propia de su edad, no obstante, Maisie discernió que era su propia avidez la que iba a vencer, y le tendió el retrato a la señorita Overmore como sintiéndose profundamente orgullosa de su madre—: ¿Verdad que es absolutamente encantador? —preguntó mientras la pobre señora Wix oscilaba con ansiedad, tratando de ocultarse tras sus enderezadores y apretando su abrigo en torno a sà con una intensidad que ponÃa en peligro las viejas costuras.