Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa —¡Oh, es lo que vuelve tan duro tener que cederla! —La señora de Beale estableció este punto mientras le tendÃa los brazos a su hijastra. Zafándose de Sir Claude, Maisie se arrojó en aquéllos y, sujeta en un abrazo aún más tierno, sintió extáticamente la inmensidad del horizonte de su felicidad—. Yo iré a recogerte —dijo su madrastra— si Sir Claude te retiene demasiado tiempo: ¡debemos hacer que a Sir Claude le quede claro desde ahora! ¡No me hable acerca de milady[8]! —prosiguió para su visitante con tal familiaridad que fue casi como si ya fuesen viejos amigos—. Conozco a milady como si yo misma la hubiese dado a luz. ¡Bonita pareja de progenitores forman esos dos! —exclamó la señora de Beale.
Maisie habÃa oÃdo describirlos de aquella guisa tantÃsimas veces, que el comentario apenas si la distrajo un instante de su agradable asombro ante esta nueva forma rimbombante de referirse a su madre; y eso, a su vez, al poco la dejó libre para confiar vehementemente en la grata posibilidad, grata en lo tocante a ella misma, de unas relaciones mucho más felices entre la señora de Beale y Sir Claude que entre mamá y papá. Aun asÃ, lo siguiente que sucedió fue que su interés por dichas relaciones llevó a sus labios una novedosa pregunta:
—¿Has visto a papá? —le preguntó a Sir Claude.