Lo que Maisie sabía
Lo que Maisie sabía En casa de su madre, a Maisie incesantemente le estuvo presente la idea de todo el atraso que ella tenía que recuperar y del prodigioso montante que éste sumaba. Fue tema constante de ocupación para la señora Wix, quien llegó por la puerta de servicio, pero entre lágrimas de júbilo, un día después que ella. El proceso de reparación, respecto del cual tenía muchísimo que decir la buena mujer, exigía, con sus sucesivas fases, tantísimo tiempo que prometía una estancia por lo menos igual a la reciente permanencia de la niña junto a su padre. Empero, este nuevo periodo fue más intenso y rico: se desenvolvió a los sones de la constante apelación de la señora Wix a la energía que ambas debían desplegar. Hubo una hermosa intensidad en el modo en que la niña convino con ella en que no había aprendido nada de nada bajo la tutela de la señora de Beale y de Susan Ash: la barbarie de un náufrago rescatado era una de las fuerzas que, de ahí en adelante, deberían impulsarla hacia un esfuerzo pletórico de conquistas. Consiguientemente, el año se conformó como un recipiente de enseñanzas tardías: una copa rebosante de la sensación de que por lo menos ahora sí que estaba dedicándose a aprender cosas. La señora Wix alimentó dicha sensación con los recursos de su charla y con su activa insistencia en que debían colmar al máximo las efímeras horas. Estaban abrumadas de programas que debían desarrollar de inmediato y adoptando perpetuamente la táctica de un victorioso asalto. —Ciertamente no conocían ratos de ocio, y todas las noches la niña se acostaba tan exhausta como si se hubiera pasado el día entero jugando. Este ritmo se había iniciado desde el instante de su común reencuentro, se había iniciado con todo lo que la señora Wix tuvo que explicarle a su amiguita sobre las razones del insólito proceder que milady había puesto en práctica desde nada más llegar la niña.
