Los Periódicos
Los Periódicos —El señor Marshal se pregunta —explicó Maud, dirigiéndose a Bight— si tú, como persona interesada en su reputación, estás proponiéndole formalmente tal posibilidad.
Marshal se volvió a mirarla con ojos dulces y redondos, y Maud tuvo la maravillosa sensación de que no le parecÃa que ella estuviera bromeando. Marshal sonrió —sonreÃa constantemente, pero la inquietud se traslucÃa— y volvió otra vez a mirar a Bight.
—¿Quiere usted decir... eh... el hecho de saber cómo se sentirÃa uno?
—Bueno, sÃ, si quiere llamarlo asÃ. La conciencia de lo que esa extinción inexplicada —presuponiendo, claro está, una posición social encumbrada— significarÃa (porque no podrÃa ser de otro modo) para millones y millones de personas. La cuestión es (y reconozco que, como usted dice, es tremendamente interesante) si usted considera que la impresión asà generada valdrÃa la pena adquirirse. Claro, claro, hablamos sólo de la impresión que usted da: por su parte, usted no percibe ninguna. No puede. Sólo tiene su propia fe, en la medida en que eso sea una impresión. SÃ, sÃ, la cuestión es tremendamente interesante, y si se la planteo —concluyó Bight— es sólo porque me consta que le gustarÃa obtener reconocimiento.