Los Periódicos
Los Periódicos —¿Se refiere usted a lo cargada que está la atmósfera con el tema de Beadel? —señaló Bight, mirándole expresivamente—. Dependerá en gran parte de quién sea el interfecto.
Se volvió, el señor Marshal, de nuevo a Maud Blandy con una mirada que parecÃa instarla a que hiciera la pregunta por él. Maud tuvo la impresión de que los ojos de Marshal le perdonaban el intempestivo plante, pero le imploraban ahora que no le dejara pelear solo. Entretanto, la dificultad que arrostraba Maud era que temÃa que, al servirle de ayuda como él solicitaba, la situación resultara cómica; razón por la cual se le quedó mirando fijamente y dejó que volviera a mirar a Bight.
—En fin —declaró al fin Marshal, con una honda añoranza en la que no faltaba un matiz cómico—, no todos pueden aspirar a emular a Beadel, claro está.
—Perfectamente. Pero, después de todo, estamos hablando de los que cuentan.
Se produjo un denso silencio de unos instantes durante el cual el pobre hombre perdió pie.
—¿Insinúa usted que yo, de un modo apreciable, me cuento entre los que cuentan?
Howard destilaba miel.